El 28 de noviembre pasado Saraí Mercado Oré recibió su título como Licenciada en Ingeniería de Sistemas. La Universidad César Vallejo, donde estudió, se lo envió virtualmente. Ella se sintió contenta y agradecida con Dios. “Esto es muy importante para mi carrera, sé que me va a ayudar a abrir puertas en el mundo del trabajo”, afirma. Saraí, integrante de la Iglesia Metodista de Comas 13 (Distrito Lima y Callao), se convirtió así en una de las pocas mujeres graduadas en alguna rama de la ingeniería en el Perú.
“En el colegio me llamaban mucho la atención los temas de robótica, luego, cuando me preparaba para ingresar a la universidad, preguntaba a los profesores por la carrera de ingeniería y cuál de ellas podría asociarla con diseño. Me aconsejaron seguir Ingeniería de Sistemas para poder diseñar procesos, plataformas…Ahora en lo que más me enfoco es en ver cómo la tecnología puede aportar a la sociedad, por ejemplo cómo pueden los escolares tener materiales de aprendizaje interactivos, más participativos; o cómo puede una persona, una comunidad o una iglesia prevenir fraudes informáticos”.

Aunque hoy hay más de 50% de mujeres universitarias en el Perú, según cifras de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) aún es muy baja la participación de mujeres en la ingeniería: solo hay 30 ingenieras por cada 100 estudiantes que se gradúan en esta profesión en el país.
Y sin embargo hoy, cuando la tecnología digital tiene un papel importante en todos los ámbitos de la vida, es clave contar con profesionales de la ingeniería. Saraí se dio cuenta, por ejemplo, que los sistemas de aprendizaje en la escuela pueden ser más interactivos. En su tesis presentó una propuesta para usar en la escuela una aplicación de realidad aumentada a través del cual los estudiantes pueden aprender de forma más participativa, manipulando modelos 3D y simulando procesos que realiza el cuerpo humano. “En el aplicativo aparecían los sistemas digestivo, circulatorio y respiratorio; incluso se usaba una cámara, algo que llamaba la atención de los alumnos”, recuerda Saraí. Este novedoso sistema de aprendizaje fue probado por ella con alumnos de primer y segundo grado se secundaria del Colegio América de La Victoria en el año 2021.
“Así como este aplicativo apoya a escolares, la tecnología puede aportar significativamente en otras áreas”, afirma esta ingeniera de 31 años.
Ella se desarrolla también en otros ámbitos de la vida. Es mamá y líder entre las mujeres metodistas: acaba de ser elegida vicepresidenta de la Asociación Distrital de Mujeres Metodistas de Lima y Callao.

Su niña, hoy de cinco años, nació en época de pandemia. Saraí no renunció a sus estudios. Recuerda que daba de lactar a su niña sentada frente a la computadora para atender sus clases. “Es importante contar con una red de apoyo para la crianza. Yo conté con este apoyo”, expresa.
Hoy, quien va a clases (de nivel Inicial) es su niña. Su mamá priorizó la atención de la pequeña y postergó su desarrollo laboral. “He limitado mi tiempo profesional para estar más cerca en su primera infancia pero el próximo año está en mis planes ejercer mi carrera al menos en un trabajo de medio tiempo”, señala, con optimismo.
Todo parece armarse como un rompecabezas. La beca Misión Internacional de United Women in Faith (Mujeres Unidas en la Fe) le permitió contar con su título de ingeniera de sistemas, contribuyendo en forma decisiva a su desarrollo profesional. “No contar con un título profesional implicaba que, como bachiller, solo accediese al salario mínimo, que no es suficiente para garantizar el cuidado de mi hija mientras yo trabajo. La obtención de mi título de ingeniera de sistemas me permitirá registrarme en el Colegio de Ingenieros del Perú – capítulo de Ingeniería de Sistemas, acceder a una oferta laboral más amplia y a un salario significativamente mejor, para cuidar de manera efectiva a mi niña”. Ahora que lo ha obtenido, se siente lista para el reto laboral que se plantea realizar el próximo año.
Mientras tanto, continúa haciendo trabajos de tiempo parcial y participando e impulsando la organización de mujeres de su iglesia y su distrito. Ha instruido a adultas mayores en el uso del teléfono celular y en el uso básico de la computadora. También a personas jóvenes que por limitaciones económicas no han tenido oportunidad de manipular computadoras.
Y hay otros retos que esta joven ingeniera quiere alcanzar, como estudiar especialización en ciberseguridad, porque “las tecnologías avanzan pero también avanzan las amenazas digitales. Quiero ayudar a prevenir los fraudes o ataques cibernéticos tanto en la comunidad como en la iglesia”, afirma.
Está convencida que caminará hacia estas metas porque tiene dos armas: “soy una mujer que ha enfrentado las dificultades de la vida con buena actitud y confío en Dios en todo momento”.




