El Obispo de la Iglesia Metodista del Perú, Reverendo César Llanco Zavaleta, comparte una reflexión sobre el dolor que dejan las pérdidas y la esperanza que encontramos en el consuelo de Dios y en el acompañamiento de la comunidad de fe.
El pasado 15 de marzo se cumplieron seis años de la declaración del Estado de Emergencia por el tema de salud, el COVID, en nuestro país. Fue un momento duro, fueron días, semanas, meses y casi dos años de cierre e aislamiento, donde nosotros tuvimos una manera distinta de vivir. Pero sobre todo, sobre todo, sentimos profundamente el dolor por la partida intempestiva de amigos, familiares, vecinos, personas que conocíamos tanto dentro como fuera de la iglesia.
Esta situación también no nos permitió despedir adecuadamente a esas personas. Y en algunos casos, ni siquiera sabíamos si las personas a las que estábamos enterrando eran personas de nuestros propios familiares o amigos. En la Biblia encontramos personas que también sufrieron pérdidas dolorosas.
El caso de Job, a sus hijas e hijos. El caso de Noemí, a su esposo de hijos. Jesús acompañando a las hermanas Marta y María y llorando él también frente a la pérdida de Lázaro y conmoviendo a la comunidad.
La muerte siempre nos conmueve, la muerte siempre nos impacta. Y así como ellos en la Biblia también el Señor estuvo acompañándolos, sabemos y declaramos que el Señor está con nosotros. Él consuela nuestro dolor, aun cuando esa despedida no fue la más adecuada.
También tenemos la responsabilidad de acompañar a otras personas en nuestra comunidad. Abramos los brazos, abramos nuestros corazones para mirar con atención el dolor que todavía a veces persiste por aquellos que se fueron intempestivamente. Pero también estemos atentos a acompañarlos, a acompañar a las personas que pierden a sus seres queridos.
Que seamos esa comunidad consoladora y sanadora del corazón mostrando siempre el amor de Dios. Que el Señor les bendiga, hermanos y hermanas.
Pastor César Llanco Zavaleta
Obispo de la Iglesia Metodista del Perú



