Débora Correa, corajuda mujer metodista, fue distinguida como “Personalidad Meritoria de la Cultura” por el Ministerio de Cultura “por su destacada trayectoria como actriz, directora y docente, así como por su valioso aporte pedagógico y su contribución al fortalecimiento de las artes escénicas.” La resolución oficial fue publicada en el diario El Peruano el 27 de marzo, Día Mundial del Teatro. Junto con Débora se distinguió también a otros tres integrantes del grupo Yuyachkani.

Las artes escénicas recibieron a Débora y su hermana Ana en los años setenta en Arzuñani, grupo de jóvenes metodistas que interpretaban cantatas. En 1979 se integraron al grupo Yuyachkani y desde entonces -ella tenía 18 años- “el teatro se convirtió en el hilo conductor de mi vida”, afirma esta actriz, dramaturga, escritora y profesora.
También se convirtió en pedagoga: estudió Educación en la Universidad Ricardo Palma y Educación Artística con mención en Arte Dramático en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Y siguió siempre el pálpito de sus inquietudes, como cuando quiso vivir en Urubamba un tiempo y se quedó allá ocho años. Tiempo también productivo porque conoció otro medio, la radio y otro público, los jóvenes.

Esta experiencia en la selva obviamente pesó para asumir el papel de la gata selvática en “Los músicos ambulantes”, obra emblemática de los Yuyas. De Lamas, su gata. Y una gata trompetista!
Siendo la gata Michicha, el Pocholo de “Un día en perfecta paz» y «Con-cierto olvido» y el Caporal de “Contra el viento”, Débora descubrió el poder de las máscaras en el teatro. Tanto así que se convirtió en profesora de Entrenamiento del Uso de la máscara y luego creó la conferencia escénica “Detrás de la máscara”.

Sin dejar Yuyachkani las hermanas Correa y otros profesionales del arte crearon la Asociación cultural Chasqui Q’enti (Picaflor Mensajero), para incursionar en el teatro y talleres teatrales dirigidos a niños y niñas. Así nacieron obras como “Cuentos mágicos”, “Te voy a contar…” (cuentos andinos y amazónicos), “Fosty, una gotita se va de viaje”, “Sirenas y pesebres” (basada en el cuento Leoncio y el doctor veterinario de José Watanabe), entre otras. Algunas historias tienen especial significado para Débora, como “Las aventuras de Micaela y el monito Chú”, que comenzó con un cuento que escribió para su hija Micaela cuando era pequeña.
Mujeres y fe
El otro hilo conductor en la vida de Débora es la fe puesta en práctica en el servicio de acercar las artes a todos los públicos, especialmente a los más vulnerables, y al público de las iglesias. En el 2015 ella y Ana estrenaron “Mujeres de Coraje”, presentando la vida de siete mujeres de la vida de Jesús. Trabajaron en base al libro de Elsa Támez, “Las mujeres en el movimiento de Jesús”, con la asesoría teológica de Dora Canales. Esta obra ha sido presentada en diferentes iglesias y espacios cristianos. “Es curioso cómo aplauden y piden la obra no solo en la iglesia metodista, también en otras iglesias, como la católica, y en escenarios ecuménicos”, comenta Débora.

Entre todos los públicos, la predilección es por los niños y las mujeres, tanto para presentar obras como para realizar talleres. Por ejemplo, Débora dirigió talleres para las mujeres de iglesias metodistas del sur andino. También ha dirigido obras en las que participan mujeres metodistas: en el 2024 Débora dirigió “Encendiendo el fuego”, sobre la vida de Susana Wesley y las mujeres metodistas en la que participaron integrantes de la Asociación Femenina Metodista del Distrito Lima Callao.

El telón sigue arriba en la vida de esta actriz y pedagoga artística. Tras 48 años sobre las tablas y enseñando cómo moverse en ellas…lo sigue haciendo. Hoy vive en Huacho, cerca al mar y al campo, donde también dicta talleres de teatro y brinda terapias de arte integral. Viaja a Lima para presentaciones de las obras de Yuyachkani en las que mantiene sus papeles tradicionales y también para presentaciones de Chasqui Q’enti. Es abuela y lo disfruta. Y también es terapista e instructora de Tai Chi y Qui gong para la salud, vocacion que nació cuando dictó los talleres Hampi Warmi (Mujer sanadora), aportando desde el arte al proceso de sanación de las mujeres, fortaleciendo su mundo interno. Su faro sigue siendo el amor a sus prójimas: “hay mujeres mayores que hacen esta terapia conmigo, llegan como apagadas…trabajamos arduo y cuando vuelvo a ver el brillo en sus ojos…. la luz llega también para mí”.
