La Renovación del Pacto con el Señor

Renovamos nuestro Pacto con el Señor siguiendo el Orden del Servicio del Pacto, de Juan Wesley, una de las tradiciones distintivas de la liturgia  metodista. El propósito de este culto es la renovación de los votos al Señor, fundado bíblicamente en Deuteronomio 26: 11·18, Jeremías 31:31-34 y Ezequiel 16:60.

Podemos utilizarlo, siguiendo la costumbre tradicional, en el culto de la noche de Año Nuevo o en el culto especial del primer día o primer domingo del año. En este orden, mantenemos la forma final que Wesley le dio en 1780, actualizando el lenguaje y especialmente dándole una forma comunitaria (usando el nosotros donde la versión original utiliza el yo).

Los compromisos personales y comunitarios de dedicación deben ser bien específicos. Podemos elaborar previamente, con un grupo o toda la congregación, los compromisos para uso en este culto, teniendo en cuenta las necesidades particulares de la propia congregación. Podemos utilizar   también, para su reafirmación, los votos y compromisos que aparecen en la guía de recepción de miembros.

PRELUDIO

CÁNTICO DE ALABANZA

ORACIÓN POR PUREZA DE CORAZÓN: 

Celebrante y Pueblo: Dios que todo lo puedes, para quien todos los corazones  están manifiestos, todos los deseos conocidos y ningún secreto encubierto; purifica los pensamientos de nuestros corazones por la inspiración de tu Santo Espíritu, para que podamos amar perfectamente y glorificar dignamente tu santo nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

PADRE NUESTRO

CÁNTICO

LECTURA DEL EVANGELIO

Juan 15.1-8

Luego, el celebrante hace la invitación a renovar el Pacto con el Señor, con las siguientes palabras, referidas a la doble naturaleza del Pacto:

INVITACIÓN A RENOVAR EL PACTO:

C.  Amados hermanos: la vida cristiana, a la que somos llamados, es vida en Cristo; liberada por él del pecado y por él consagrada a Dios. Hemos entrado en esta vida al ser admitidos en el Nuevo Pacto, del cual nuestro Señor Jesucristo es el Mediador y que él selló con su propia sangre a fin de que permanezca para siempre.

Por una parte, el pacto es la seguridad de que Dios ha de cumplir en nosotros y por medio de nosotros todo lo que ha prometido en Cristo Jesús, quien crea nuestra fe y la perfecciona. Estamos seguros de que su promesa permanece, pues hemos experimentado su bondad y probado su gracia en nuestras vidas, día tras día. Por otra parte, en el Pacto, nosotros prometemos no vivir para nosotros mismos sino para aquél que nos amó, se sacrificó por nosotros y nos llama a servirlo, para que se cumpla el propósito de su venida.

Renovamos frecuentemente nuestro Pacto con el Señor, especialmente cuando nos reunimos en torno a su mesa; pero en este día nos consagramos expresamente, como nuestros padres en la fe lo han hecho por generaciones, para renovar solemnemente con alegría el pacto que los unió a ellos, y hoy nos une a nosotros, con Dios.

Recordando pues, las misericordias de Dios y con la esperanza de su promesa, examinémonos a la luz de su Santo Espíritu, de modo que podamos descubrir en qué hemos fallado y qué nos falta en fe y en obras. Y, considerando todo lo que este Pacto significa, hagamos la ofrenda de nosotros mismos nuevamente a Dios.

Seguidamente nos unimos en un acto de alabanza antifonal, permaneciendo sentados o arrodillándonos.

ACTO DE ALABANZA ANTIFONAL:

C. Adoramos al Padre, al Dios de amor, que en todo momento nos preserva y sostiene, que nos ama con un amor eterno y nos da la luz para que podamos ver su gloria que brilla en el rostro de Jesucristo.

P.  Te alabamos, Dios; te reconocemos como nuestro Creador.

C.  Gloriémonos en la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre por nuestro bien; quien fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado; que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz; que fue muerto y vive por los siglos de los siglos; que abrió el reino de los cielos a todos los creyentes; que está sentado a la diestra de Dios en la gloria del Padre.

P.   Te alabamos, Jesucristo; te reconocemos como nuestro Salvador.

C.  Alegrémonos en la comunión del Espíritu Santo, el Señor y el dador de la vida, por quien nacemos a la familia de Dios y somos miembros del cuerpo de Cristo, cuyo testimonio nos confirma, cuya sabiduría nos instruye, cuyo poder nos capacita, quien espera hacer por nosotros mucho más de lo que podemos pedir o pensar.

P.  Te alabamos, Santo Espíritu; te reconocemos como Dador de Vida.

Amén.

Seguidamente entonamos la doxología   o damos lugar al coro.

Luego, nos unimos en el acto de gratitud antifonal.

ACTO DE GRATITUD ANTIFONAL:

C.  Demos gracias a Dios por todas sus bondades. Oh, Dios, nuestro Padre, fuente de toda bondad, que has sido benigno con nosotros a través de todos los años de nuestra vida; te damos gracias por tu bondad que ha llenado nuestros días y porque nos ha traído hasta este momento y lugar.

P.  Alabamos  tu santo  nombre,  Señor.

C.  Tú nos has dado vida e inteligencia y nos has colocado en un mundo que está lleno de tu gloria. Tú nos has alegrado con la dádiva de familiares y amigos y nos has asistido a través de las manos y las mentes de nuestros semejantes.

P.   Alabamos tu santo nombre, Señor.

C.  Tú has puesto en nuestros corazones sed de ti y nos has dado tu  paz.

Tú nos has redimido y nos has llamado a una alta vocación en Cristo Jesús
Tú nos has dado un lugar en la comunión de tu Espíritu y en el testimonio de tu  Iglesia.

P.   Alabamos tu santo nombre, Señor.

C. Tú nos recordaste cuando nos olvidamos de ti, nos seguiste cuando huimos de ti, nos recibiste con perdón cuando volvimos a ti. Por toda tu paciencia y la abundancia de tu gracia.

P.   Alabamos  tu santo  nombre,  Señor.

Entonamos un cántico de gratitud y luego nos unimos en la oración de confesión de pecados, antifonalmente.

ORACIÓN DE CONFESIÓN DE PECADOS:

.   Examinamos   ahora nuestras vidas delante  de Dios confesando  humildemente  nuestros   pecados   y  buscando   en  lo profundo   de  nuestros corazones   para  no engañarnos.

Oh  Dios,  nuestro  Padre,  que  nos has señalado  el camino  de la vida en  tu  amado   Hijo,  confesamos   con  vergüenza  nuestra   lentitud   para aprender   de  él y nuestra   indecisión   para  seguirte.  Tú  nos  hablaste  y llamaste   y  nosotros   no  te  hemos. prestado   atención;   tu  belleza  ha brillado   ante   nuestros   ojos  y hemos  sido  ciegos;   nos  has extendido tus  manos  a través  de  nuestros   semejantes   y  hemos  pasado  de largo. Hemos  recibido   muchos   beneficios   y  no  fuimos  agradecidos,   hemos sido  indignos  de tu amor  que no cambia.

P.  Ten  misericordia   de nosotros   y perdónanos,   Señor.

C.  Perdona,   te imploramos,   la pobreza  de nuestro  culto,  la formalidad  y egoísmo   de  nuestras   oraciones,   nuestra   inconstancia   e  incredulidad, nuestro   descuido   de  la comunión   fraternal  y de  los medios  de gracia, nuestro   titubeante  testimonio   de  Cristo,  nuestros   falsos  pretextos  y nuestra  ignorancia  voluntaria   de tus caminos.

P.   Ten misericordia de nosotros y perdónanos, Señor.

C. Perdónanos las veces en que hemos malgastado nuestro tiempo y empleado mal nuestros dones. Perdónanos las ocasiones en que hemos buscado excusas para nuestras faltas o hemos eludido nuestras responsabilidades. Perdónanos por no haber estado dispuestos a vencer el mal con el bien, por haber dado la espalda a la cruz.

P.  Ten misericordia de nosotros y perdónanos, Señor.

C. Perdónanos por lo poco que con tu amor alcanzamos a otro y por haber dado poca importancia a las faltas y sufrimientos ajenos. Perdónanos las veces que hemos  preferido aquellas cosas que nos separan de otros  y  las ocasiones  en que  les hicimos difícil vivir a nuestro lado. Perdónanos por haber sido ligeros en  nuestros juicios, prontos para condenar, lentos para perdonar.

P.  Ten misericordia de nosotros y perdónanos, Señor.

C.  Si no hemos emprendido nuevas aventuras de fraternidad, si hemos guardado   en nuestro corazón resentimiento o mala voluntad, si no hemos buscado la reconciliación, si hemos deseado ansiosamente el castigo de los malos y hemos sido lentos para procurar su redención.

P.  Ten misericordia de nosotros y perdónanos, Señor.

Dedicamos luego un momento a la oración silenciosa y nos unimos en la lectura del Salmo  5: 1-11, continuando  el celebrante con las palabras  de  seguridad  del perdón  de Dios. Seguidamente, participamos de la lectura bíblica y del mensaje, seguido del cántico del Pacto.

CÁNTICO DEL PACTO:

La letra de este cántico fue especialmente escrita por Carlos Wesley, con músicos de William Tans’ur, para ser usado en el Culto del Pacto.

Vengamos ya en unidad, la gracia a recibir;

el Pacto eterno con Jesús, Mesías, Redentor.

Señor Jesús,  por tu poder. alzamos nuestra  voz;

una promesa hacemos  hoy,

vivir por nuestro Dios.

Al Pacto que  hacemos  hoy. demos fidelidad;

siguiendo siempre al Señor, viviendo en su amor.

A ti, Señor, cantamos   hoy, el Pacto  al renovar;

Señor Jesús, escúchanos

y con  nosotros ven. AMÉN.

Luego, el celebrante invita a la renovación del Pacto, con las palabras que siguen.

RENOVACIÓN DEL PACTO:

C. Y ahora,  amados hermanos,  unámonos voluntariamente  a Dios, que hace  su  Pacto  con  nosotros.  Tomemos la cruz de Cristo,  con alegría, de  todo  corazón,  para  que  él señale  nuestro   lugar y nuestra  tarea,  y que  sea  él solamente  nuestra   recompensa.   En Cristo conocemos los servicios que debemos realizar.   Algunos son fáciles, otros difíciles, algunos traen honores, otros reproches,  algunos  se adaptan  a nuestras naturales  inclinaciones y  a  nuestros   intereses  temporales, otros  son opuestos a ambos.  En algunos podemos agradar a Cristo y agradarnos nosotros mismos, en otros no podemos agradar a Cristo sino negándonos   a  nosotros  mismos. Sin embargo, es Cristo quien nos da el poder para cumplirlos.

Hagamos, pues, Pacto  con  Dios. Unamos nuestro corazón al Señor y  decidamos, confiados en su fortaleza, no volver nunca  atrás.  Estando de este  modo preparados, renovemos ahora nuestra consagración a él, dependiendo  sinceramente de  su gracia  y confiando en sus promesas.

También pueden usarse las siguientes palabras.

C.  Reafirmamos nuestro  compromiso de vivir la vida cristiana y cumplir los votos  que  hemos asumido  como  miembros  de la Iglesia de Cristo. Confesamos a Jesucristo  como nuestro  Señor y Salvador.  Prometemos fidelidad a su Reino. Recibimos y profesamos   la fe cristiana conforme al testimonio  de  las Sagradas  Escrituras. Seremos leales a su Iglesia, la sostendremos con  nuestras oraciones, presencia,  dones,  contribuciones  y  servicio.  Nos consagramos como ministros de Jesucristo en  el mundo,   testificando  de  su gracia y participando con  amor  y en espíritu   de  servicio  de la vida de la comunidad. Con la ayuda  de Dios nos  comprometemos  a asumir   aquellas  tareas  que  nos  permitan crecer  como  seguidores  de Jesucristo, y a capacitarnos mejor  para el fiel cumplimiento de la vida y la misión de la Iglesia.

Nos unimos, luego, en la oración del Pacto, estando arrodillados o puestos de pie.

ORACIÓN DEL PACTO:

C. Oh Señor Dios, Padre  Santo,  que  nos has llamado  por  medio  de Cristo  para  participar en este  Pacto de tu gracia,  tomamos sobre nosotros,alegremente tu cruz  y nos comprometemos, por amor  a ti,  a obedecerte  y a buscar  tu  perfecta  voluntad. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a ti.

P.   Señor, a ti  pertenecemos. Empléanos para  lo  que  tú  quieras, en el lugar en que  tú quieras,  sea para cumplir  alguna  tarea  o para  sobrellevar  algún  sufrimiento,  para  ser  utilizados   o  dejados   por  ti,  sea  en abundancia   o en necesidad, libremente  y de todo  corazón  nos sometemos  a tu voluntad.

Y ahora,  al glorioso  y bendito   Dios, Padre,  Hijo y Espíritu  Santo, pertenecemos   en amor  y  lealtad.  Así sea. Y el  Pacto que  hicimos  sobre esta tierra,  sea ratificado en los cielos. Amén.

Aquí podemos incluir un momento de dedicación a compromisos comunitarios, elaborados previamente por los miembros de la comunidad, seguido por el acto de intercesión. Luego, cantamos o recitamos el Arriba los Corazones y el Santo.

ACTO DE INTERCESIÓN:

C. Arriba  los corazones.

P.   Los levantamos al Señor.

C. Demos gracias al Señor, nuestro  Dios.

P.   Es justo darle gracias y alabarlo.

C.  En verdad  es digno,  justo  y saludable  darte  gracias, siempre y en todas partes, Padre que  todo lo puedes,  Creador del cielo y de la tierra.

Aquí el celebrante dice el prefacio propio del día, si hay alguno indicado, sino continúa diciendo:

C. Por  tanto,   te alabamos, uniendo nuestras voces con todos los coros celestiales,   que  proclamando la gloria de tu nombre cantan siempre este himno:

C. y  P. ¡Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de su gloria. Gloria a ti, Señor altísimo.

Continuamos, luego, con la celebración de la Cena del Señor, utilizando cualquiera de las oraciones y palabras que aparecen en las secciones correspondientes. Concluimos con un cántico de dedicación de la vida el envío y bendición y el postludio.  

CENA DEL SEÑOR

CÁNTICO DE DEDICACIÓN DE LA VIDA

ENVÍO Y BENDICIÓN

POSTLUDIO

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