Keila Serrano (México) y Vanessa Quispe (Perú), jóvenes en el pastorado en América Latina

Dos jóvenes, Keila Serrano, de 23 años y Vanessa Quispe de 25, realizan tareas pastorales en iglesias metodistas, una en México y la otra en Perú, habiendo ambas egresado recientemente del seminario. Keila terminó de estudiar Teología en el Seminario Gonzalo Báez Camargo en 2024 y realizó un año adicional en la Universidad Madero, ambos centros de estudio en su país, México. Estuvo en nuestro país en junio. Vanessa Quispe se graduó en Ministerios en el Seminario Teológico Wesleyano de Perú en 2025.

Hoy Keila trabaja en tres iglesias en la Conferencia Anual del Sureste: Getsemaní, Monte Sinaí y La Vid Verdadera; ubicadas en el estado de Veracruz. Ejerció tareas pastorales desde los 19 años, la iglesia metodista mexicana asigna por tradición estas labores a los estudiantes de Teología desde su segundo año de estudios. Vanessa empezó labores pastorales en la IMP Lomas de Carabayllo, en el Distrito Lima y Callao, el pasado 14 de junio, junto con el predicador laico Efraín Llanco. Antes colaboraba en el trabajo con niños y jóvenes y con prédicas eventuales en la Iglesia Metodista del Perú – Breña, a la que asistía desde que vive en Lima, hace cuatro años.
“Celebro el liderazgo ministerial que ya ejercen estas jóvenes”, afirmó el obispo de la Iglesia Metodista del Perú, pastor César Llanco Zavaleta, cuando se reunió con ellas y también con Alice Chamorro (23 años), de la Iglesia Metodista de Puerto Rico, el pasado 16 de junio. “Hay apoyo a las juventudes”, agregó.

Los y las jóvenes que realizan labores pastorales no son la mayoría de pastores en las iglesias en este momento en la región latinoamericana pero sí se puede decir que son jóvenes preparados para esta tarea al haber pasado por las aulas de un seminario.
“No falta quien diga alguna vez ‘eres muy joven’”, relata Keila. “Nuestras autoridades, nuestros superintendentes, por ejemplo, han trabajado esto. En la primera iglesia a la que me enviaron, cuando aún estaba en el seminario, el superintendente dijo a la congregación ‘ella sabe, está preparada’, me respaldó”.

Cuidadas por las congregaciones
Cada una de las tres congregaciones en las que trabaja esta joven mexicana tiene más de 30 miembros. Para impartir la santa cena y para bautizar ella debe contar con una autorización de su superintendente. Y para llegar a cada una de las tres iglesias tiene que esperar que la recoja un miembro de la iglesia en auto ó moto. No puede ir ni en bicicleta ni a pie, aunque no es tan lejos, por la inseguridad de la zona. “Los hermanos y hermanas hicieron un rol de transporte y para todas las actividades vienen por mí. Siento que han pensado en cuidarme. Una hermana preguntó ‘si nuestra hija o hijo estuviera en otra comunidad, ¿cómo nos gustaría que le traten? Así vamos a tratar a esta joven’”, recuerda.
En Lima, Vanessa Quispe también tiene algunos retos para llegar hasta la IMP Lomas de Carabayllo. “Está a dos horas y media del centro de Lima tomando tres movilidades, micros y colectivos. Pero ver a la congregación, los niños y hermanas que esperan que les compartan la palabra de Dios y la alegría que sienten cuando la escuchan me da fuerzas”. Ella está reafirmando su vocación pastoral. “Me recibieron con mucho amor, con calidez, se siente un ambiente de hogar. Y la superintendenta llama para saber cómo están yendo las cosas, me siento apoyada. También algunos hermanos y hermanas que me conocen en el Distrito Lima y Callao me han escrito para darme ánimos y eso me alienta”, expresa.

Pastores y pastoras jóvenes y con estudios
Keila Serrano quiere ser ordenada presbítera. Tras terminar sus estudios, elaboró y presentó su tesis y está trabajando a tiempo completo. Quiere cumplir con todos los requisitos. “Ahora somos muchos los que estamos en proceso hacia la ordenación. Nuestro obispo, el reverendo Narciso Cortez, dice que se viene una oleada de ordenación de pastores jóvenes. Al menos quienes nos graduamos estamos cumpliendo todo lo que se pide, queremos ordenarnos”.
Ese es el camino elegido por esta joven. No todos siguen en línea directa hacia la ordenación. Vanessa Quispe dice que sí le gustaría ser presbítera pero por el momento quiere terminar de estudiar su segunda carrera, Administración de negocios internacionales. Cuando termine estos estudios, realizará más estudios teológicos. Continuará realizando las labores que se le encomienden en las iglesias. Y todo lo demás vendrá “con la bendición de Dios”.

Es claro el concepto que ambas tienen sobre la importancia de los estudios para un pastor o pastora. “De donde yo vengo, muchos pastores no han estudiado Teología, dice Vanessa. En las zonas rurales, algunos pastores no han terminado el colegio. El pastor de mi iglesia en Huacapunco, Cusco, Florencio Yupanqui, nos decía ‘Uds. tienen que escalar un poco más que yo’. Se alegró mucho cuando le dije ‘Pastor, ya acabé Teología’. Él y la pastora Isabel Casilla, primera mujer cusqueña en estudiar Teología, son mis ejemplos”.
Jóvenes que ya están trabajando en la obra, que saben de ministerio pastoral porque lo han estudiado. Y que lo hacen porque se han sentido llamadas. Parafraseando a Pablo dirigiéndose al joven Timoteo al encargarle la iglesia en Éfeso, que ninguno tenga en poco su juventud (Timoteo 4:12).