Frank A.A. siente que volvió a nacer el 30 de marzo pasado. Ese día lo operaron. Quien hizo posible esta segunda oportunidad de vida fue la misma persona que, 17 años atrás, le dio la vida. Frank y su madre, Mónica Arévalo, fueron ingresados el día de la operación a salas quirúrgicas simultáneas en el Hospital Guillermo Almenara. A ella le extrajeron uno de sus dos riñones, que fue inmediatamente transportado a la otra sala quirúrgica para colocárselo a su hijo. Ella le regaló una nueva vida.
Hasta antes de esta operación Frank era un paciente con insuficiencia renal crónica, con una calidad de vida limitada por este problema de salud. Inicialmente acudía al hospital tres veces a la semana para que le realizaran diálisis. Luego pasó al sistema de diálisis peritoneal, practicado en su casa. Desde que le detectaron el mal, hace tres años, sus días transcurrían entre catéteres, máquinas de diálisis, malestares y continuas renuncias a las actividades propias de un adolescente.

La vida de Mónica también cambió. Ella trataba que las horas le alcanzaran para atender a Frank y a sus otros dos hijos menores -la última nació precisamente hace tres años-, y para trabajar, porque gracias a eso Frank podía atenderse en los hospitales del Seguro Social. Como trabajadora administrativa de una empresa agroexportadora, su actividad depende de las campañas agrícolas, frecuentes en la cálida Piura, donde viven. A veces iba con su bebé al hospital.
Cuando les dijeron que la única solución era un transplante, pensaron primero tal vez recibir un riñón de alguna persona fallecida pero esa posibilidad se hizo lejana. La primera vez que Mónica consideró que ella podría donar uno de sus dos riñones a su hijo le preocupó pensar que tal vez alguno de sus otros dos hijos pudiera luego necesitar también un transplante.
Casi llegando a un punto en que ya se sentían sin fuerzas, ella decidió dejar todo “en manos de Dios”. Habiendo asistido a la iglesia metodista desde pequeña dejó de hacerlo durante la adolescencia. Luego, ya con dos hijos, fueron ellos quienes acudían a la iglesia metodista San Pablo. Ella decidió entonces volver a integrar una iglesia. “Queríamos tener una relación activa con Dios y con la iglesia”, afirma. Poco después Frank enfermó y, como parte de los cuidados para su salud, se mudaron más cerca de la ciudad de Piura y comenzaron a asistir a la IMP Piura.
El año pasado los médicos evaluaron a sus otros dos hijos y ninguno presentaba problemas renales. A principios de este año la salud de Frank tuvo una complicación. “Temía perderlo”, recuerda. Fue necesario llevarlo a Lima. Alguien le dijo a Mónica que ya había pasado por la experiencia de la donación y que ésta no traía mayores consecuencias para el donante. Le dijo que hablaría con una doctora que lo había hecho posible. La madre decidió dar el paso.
El 10 de febrero tuvieron la primera cita que les encaminaría hacia la donación. Ese mismo mes les hicieron la prueba de compatibilidad y todo salió bien. Les detallaron cómo sería la operación.
“Todo se fue dando”, relata Mónica. La pastora Rosa Córdova gestionó su alojamiento en la Casa Metodista. Luego una familia metodista les prestó su casa en Lima. Estando todo listo, pasaron por el quirófano.
Hoy, Frank se ve tranquilo. Sonríe. Cuenta que todo está bien, que se siente, por fin, aliviado. Y mirando a su madre, agrega: “ella lo hizo posible, le doy las gracias”. Mónica ríe.
El doctor Wilber Pinto, jefe de la Unidad de Transplante Renal del Hospital Almenara afirma sobre este transplante y otros similares, también protagonizados por madres e hijos: “Una madre nos da la vida cuando nacemos pero también nos puede dar vida en un quirófano”.
El año pasado en el Perú 474 personas en Perú se beneficiaron con la donación de órganos pero casi 7,000 pacientes en todo el territorio nacional siguen en lista de espera.
Mónica Arévalo, madre donadora, tiene un mensaje: “Si tienen un familiar con problemas renales, anímense a donar, como donadores igual van a tener una vida tranquila y saludable. Recuerden que Dios dice ‘ama a tu prójimo’. Y es verdad, todo se hace por amor”.
