El domingo 15/09/19 se celebró un Culto de Acción de Gracias por los 128 años del Colegio América del Callao al servicio de la educación de la niñez y adolescencia. El Rev. Dennis Rojas Huerta, pastor metodista y capellán del Colegio América, tuvo a su cargo la reflexión bíblica. Aquí compartimos su mensaje.

Buenos días familia América, hoy celebramos con gozo el 128 aniversario del Colegio, así como se inició un 15 de septiembre de 1891 bajo la dirección del Dr. Tomas Wood, misionero de la Iglesia Metodista. Los invito a reflexionar sobre la palabra de Dios, la cual es el fundamento de nuestra fe y pilar de esta institución.

“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Lucas 15, 1-10

“Y se llegaban a él todos los publicanos y pecadores a oírle” (v. 1). Jesús atrae grandes multitudes. Los publicanos y pecadores también suben con Él a Jerusalén (14:25). Los publicanos son lacayos de los odiados romanos, a quienes sirven por dinero.

Por eso los fariseos y escribas los condenaban por antinacionalistas y egoístas.

Los publicanos saben que están equivocados, pero les atrae Jesús, tan santo, pero tan misericordioso. Ellos están seguros de que Él puede arreglar su vida y su conciencia. Vienen a oír a Jesús, porque se sienten aceptados por Él – y sienten que Jesús se alegra de su compañía. Algo bueno saldrá de Él.

¿Y qué decían los fariseos y los escribas?

Ellos murmuraban: “Éste recibe a los pecadores, y come con ellos” (v. 2b). Acepta a los inaceptables.

Jesús, en cambio, pide amar a los pecadores y odiar el pecado, pide celebrar la redención, aunque sea de un solo pecador. Jesús va donde hay necesidad. Un médico que rehúsa tocar a una persona enferma no servirá de mucho. Un poco antes Jesús dice: “Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos”. (Lucas 5:31-32).

¿Cómo dice Jesús que debemos tratar a los pecadores?

Jesús nos cuenta tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo.

Todas tratan el mismo tema de la alegría por el pecador arrepentido.

Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y ¡cómo lo celebras con los amigos!

La pérdida de una oveja rompe el corazón del Buen Pastor; así que deja las 99 ovejas al cuidado de otros pastores amigos, y va a buscarla y a gritar su nombre en el campo, porque ella conoce su voz. El Antiguo Testamento a menudo utiliza la metáfora del pastor para describir el cuidado de Dios por nosotros (Salmo 23; 28:9; 78:52; 80:1; 100:3; Jeremías 31:10; Zacarías 13:7; Ezequiel 34:11, 12b, 16).

La parábola de oveja perdida puede entenderse como aquel que se extravía, aunque a veces obedece, pero la situación lo hace desviar su camino, la parábola de la moneda extraviada, representa a quien decide irse sin control, buscando su propio camino alejado de Dios, la parábola del hijo prodigo representa a quien tomando conciencia decide alejarse del padre, pero que, llegando al lodo cenagoso de la vida, vuelve su mirada al padre misericordioso.

Hay una progresión en estas tres parábolas. El pastor pierde una de cien ovejas (es el 1%). La mujer pierde una de diez monedas (es el 10%). El padre pierde uno de dos hijos (es el 50%).

¿Por qué se alegra tanto Dios por un pecador arrepentido?

Dios no da a nadie por desaparecido ni por muerto, aunque pasen los días y los años.

Dios no borra a nadie de su lista.

En estos tiempos parece imposible pensar en dejar 99 ovejas por ir tras una que se pierde. Matemáticamente no es lógico, sin embargo, para Dios no hay personas “no gratas”. Todos estamos en su corazón. En la justicia de Dios solo hay amor y perdón para el que se deja encontrar por Él. En las matemáticas de Dios “uno” es tan valioso como el 99.

En la vida muchas veces actuamos así, dejamos lo que parece no ser importante para darle nuestra atención a los bienes temporales, dejamos a las ovejas extraviadas, aunque sean las de casa, para darle más importancia al trabajo, al dinero, a las amistades, a la nueva pareja y cuidándonos del que dirán.

Cuando se trata de una salida con los amigos, siempre tendremos tiempo y de sobra, pero si se trata de ayudar a los hijos en sus tareas o participar de las escuelas para los padres, a pasar un tiempo con los hijos o llevarlos a la Iglesia para recibir la palabra de Dios, por lo general no hay tiempo.

En la mira de Dios, los últimos serán los primeros, aquellos a quienes no se les consideraba dignos de estar en la casa de Dios, a ellos, representa esa oveja perdida, esa moneda extraviada, ese hijo que se fue llevándose la herencia de su padre. Quizás existan personas que estarían de acuerdo con la pérdida de una oveja, de una de las moneda o hasta con aquel el hijo que se va.

¿Somos nosotros así?

La Palabra del Evangelio nos invita a revisar nuestro corazón. ¿No somos muchas veces como los fariseos que se incomodaban porque Jesús acogía a los pecadores? Pensando que somos justos, en muchas ocasiones despreciamos a quienes Dios tiene preparada una misericordia inmensa. El Padre Bueno recibe, abraza, levanta y envía a quienes buscamos su misericordia perdonadora.

Nosotros nos conformamos, si se nos pierde algo pequeño.

– Si a un vendedor de frutas se le cae un mango, y es difícil recuperarlo, lo abandona.

– Un financista podrá sobrellevar la pérdida del uno por ciento, pero no la pérdida del 99%.

Pero el reino de Dios es un lugar donde las reglas normales de negocios no se aplican, y que refleja la naturaleza radical del amor de Dios.

Por lo tanto, como colegio nuestro deber es pensar que esa oveja es tan valiosa como las otras 99, que necesitamos encontrar a aquella moneda extraviada, abrir nuestros brazos a ese joven que regresa al camino.

Si aún sigues perdido en tu manera de vivir, hoy puede ser la ocasión de volver al camino de renunciar al pecado y rendirte a los pies del Señor.

Si trabajas en esta casa, recuerda que Dios nunca se olvida de ti y por el contrario está a la puerta llamando y si tú abres esa puerta él entrará contigo y cenará contigo.

Y si tienes hijos en este colegio recuerda que la educación viene de casa, todo lo que tú hagas ellos lo repetirán, si tu hogar no está fundamentado sobre la roca que es Cristo, en vano trabajan los edificadores, entonces ayúdanos, dándole lo mejor a tus hijos y que no son los bienes temporales, sino los valores del reino, para que, así como nuestros egresados de las bodas de oro, quienes nos honran con su presencia, digamos juntos Entrad para Aprender, Salid para Servir y regresar para agradecer por las enseñanzas con valores, fundamentados en la palabra de Dios que permanecen para siempre.

El Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt. 24:35)

Feliz aniversario Colegio América del Callao.

Rev. Dennis Rojas
Rev. Dennis Rojas Huerta
Capellán

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