
Reafirmando Nuestra Identidad Metodista
en Santidad y Servicio
Carta Episcopal Diciembre 2011
UN GIRO DE 180 GRADOS
“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.” (Lucas 1: 26-38)
Lima, Diciembre de 2011
Estimados(as) hermanos(as):
Gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo sean con ustedes.
Ya estamos en el tiempo de Adviento y Navidad, fechas muy importantes para los creyentes cristianos. Representan una nueva etapa en la vida de la Iglesia. Se recuerda el anuncio y nacimiento de Jesús, el Salvador.
En esta oportunidad el texto del Evangelio de Lucas nos da cuenta del anuncio sorpresivo del ángel Gabriel a María. De pronto, en menos de un minuto el proyecto de María cambia, su futuro da un giro de 180 grados. Ella estaba preparándose para realizar su boda con su novio José y en un abrir y cerrar de ojos es llamada a ser la madre de Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador. El ángel del Señor cambia el rumbo de esta pareja para una nueva misión.
De igual manera nuestra Iglesia por cuarenta años ha estado preparándose para cumplir la Misión, para ello se elaboraron diversos proyectos y planes de renovación y crecimiento de la Iglesia, se implementó una Comisión de Programas, se hicieron planes de evangelización y crecimiento, se aprobaron cuantiosos presupuestos para tales fines. Por último, se modificó el Reglamento de la Iglesia en muchas oportunidades. En todo esto, los resultados no fueron los esperados, ni menos el cumplimiento de todos los objetivos propuestos. No ha habido un crecimiento significativo, ni un desarrollo sostenido, ni el surgimiento de un nuevo liderazgo comprometido y consagrado a la Misión, salvo escasas excepciones.
De pronto el año 2010, cuarenta años después de la Autonomía, representa cruzar el Jordán y llegar a la otra orilla, el Señor revela su voluntad de dar un giro de 180 grados en el cumplimiento de la Misión. El cumplimiento y desarrollo del Discipulado es la opción para la Iglesia. No es un nuevo programa o proyecto, es simplemente el cumplimiento del mandato del Señor: “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19ª). Esta es ahora la visión para toda la Iglesia. El Señor nos ha permitido celebrar un Pacto con la Iglesia Metodista de Brasil-Sexta Región para caminar juntos y desarrollar el Programa de Discipulado. Gracias al Señor de la Iglesia, hoy tenemos dos parejas de misioneros que están realizando la labor de incentivar a toda la Iglesia en el cumplimiento de la Misión a través del Discipulado, tomando como modelo la organización de la Iglesia Primitiva y del Movimiento Metodista del siglo XVIII, mediante el establecimiento de pequeños grupos de pacto, o discipulado, o células.
Hoy en día, al empezar este nuevo tiempo de Adviento, esta visión ha sido adoptada en todos nuestros distritos eclesiales, generando una nueva esperanza, una mayor vitalidad, el surgimiento de un liderazgo comprometido y consagrado, la incorporación de nuevos creyentes y la renovación de la Iglesia. Ya se ha iniciado el camino de la renovación y crecimiento de la Iglesia Metodista y continuaremos con el favor de Dios.
Que el Señor siga derramando sus ricas bendiciones sobre nuestra familia y celebremos la Navidad con gozo y alegría. Amén.
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